Leo por ti: ‘El alma errante’, cuando comprender exige habitar al otro

Una disección profunda de la obra de José Plaza; un análisis sobre la empatía radical, la ceguera moral de nuestro tiempo y la odisea espiritual de Víctor Lexter en una novela que deja de ser narración para convertirse en un espejo de nuestra propia vulnerabilidad.

Por Claudia Benítez

HoyLunes – Hay novelas que se leen; y hay otras que, silenciosamente, nos leen a nosotros. El alma errante, de José Plaza, pertenece a estas últimas. No se limita a narrar una historia, sino que abre una grieta incómoda en la conciencia del lector y le formula una pregunta esencial: ¿hasta dónde llega realmente nuestra capacidad de comprender al otro?

Desde su prefacio, el autor reconoce una verdad que rara vez nos atrevemos a asumir: nuestra empatía suele ser selectiva. Amamos, sufrimos y nos conmovemos intensamente dentro de los límites de lo cercano —la familia, los afectos, lo propio—, pero levantamos una distancia casi infranqueable ante el dolor ajeno. No por crueldad deliberada, sino por ignorancia vital. Porque es difícil sentir lo que no se ha vivido. El alma errante nace precisamente de esa imposibilidad.

Fractura necesaria: el momento en que nuestras certezas se quiebran es cuando comienza el verdadero conocimiento.

Víctor Lexter, el protagonista, es un hombre aparentemente corriente, pero espiritualmente incompleto. Vive dominado por la frustración, el resentimiento y una concepción del éxito dictada por parámetros externos: dinero, posición, reconocimiento. Su pensamiento es defensivo, casi hostil; ha aprendido a cerrarse al mundo como mecanismo de supervivencia. En él no hay maldad consciente, sino una forma de ceguera moral que resulta inquietantemente familiar. Víctor no es “el otro”: es, en muchos aspectos, una posibilidad de nosotros mismos.

El accidente que inaugura la novela no debe leerse solo como un acontecimiento físico, sino como una fractura ontológica. En el instante en que la vida se suspende, la conciencia queda desnuda. Frente a la cercanía de la muerte, Víctor descubre el vacío que ha ido construyendo: relaciones vividas a medias, afectos descuidados, una existencia orientada más por la comparación que por el sentido. Es en ese umbral donde comienza el verdadero viaje, no exterior, sino interior.

Más allá del yo: la odisea de Víctor Lexter nos invita a romper nuestra armadura individual para descubrir el latido ajeno.

El concepto del “alma errante” introduce una idea profundamente filosófica: no se puede comprender sin encarnarse. No basta con observar, ni siquiera con compadecer; hay realidades humanas que solo se revelan cuando son vividas desde dentro. La novela convierte esta intuición en experiencia narrativa, obligando al protagonista —y con él, al lector— a habitar otras vidas, otros dolores, otras esperanzas. Cada conciencia atravesada se convierte en un espejo incómodo, pero necesario.

José Plaza no escribe desde el dogma ni desde la superioridad moral. Su mirada es profundamente humanista y, al mismo tiempo, trágica. La evolución del espíritu no se presenta como un camino luminoso, sino como un aprendizaje arduo, a menudo doloroso. Sin embargo, en ese tránsito emerge también lo mejor del ser humano: la capacidad de amar sin cálculo, de compartir la carga del otro, de reconocerse vulnerable y, por ello, verdaderamente humano.

Náufragos en la multitud: la paradoja de vivir rodeados de otros sin llegar nunca a habitarlos realmente.

Leer ‘El alma errante’ es aceptar una experiencia de desposesión: abandonar por un momento la comodidad de nuestras certezas y permitir que otras vidas nos atraviesen. Es una invitación a mirar al otro no como un extraño, sino como alguien cuya historia podría haber sido la nuestra. Y en ese reconocimiento silencioso, quizá, descubrir que la justicia y la empatía no son virtudes abstractas, sino formas profundas de conocimiento.

Espero que esta introducción los motive a leer ‘El alma errante’ y a emprender, junto a su autor, un viaje interior del que no se regresa indiferente.

Claudia Benitez. Licenciada en Filosofía. Escritora.  

 

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